Rincón de Granada


GRANADA

Noticias, Curiosidades, Anécdotas, Leyendas...


Leyenda sobre el nombre "Alhambra"

El nombre con el que se conoce este monumento, Alhambra, procede de una palabra musulmana cuyo significado es "Fortaleza Roja".

Sin embargo, existen evidencias históricas de que la apariencia de la Alhambra era de un color blanco resplandeciente.

Por tanto, ¿cuál es el motivo de se conociera como castillo rojo?

La razón más aceptada por los historiadores está en su apresurada construcción.

Debido a esta prisa, eran muchos los obreros que intervenían, y el color rojo provenía de sus hachas brillando al sol.

Así mismo, por la noche se encendían fogatas para iluminar los trabajos de construcción, lo que también daba un aspecto rojizo para quien la observase desde la Vega de Granada.


Leyendas de La Puerta de la Justicia

Cuenta una leyenda sobre la puerta de la Justicia, relacionada con la construcción misma de la Alhambra.

Siempre se ha hablado de la dedicación puesta en la construcción de la Alhambra, tanto en lo decorativo como en lo arquitectónico.

Se asegura que tan sumamente recia era su construcción que, aún recibiendo el ataque de mil ejércitos enemigos, jamás caería.

Así pues, el día que la llave del arco interior de la Puerta de la Justicia y la mano de su arco exterior se unan, es decir, si la Alhambra cae, será por que ha llegado el fin del mundo.

Otra leyenda cuenta sobre el Arco de la Justicia, que tal era la magnificencia de esta entrada a la Alhambra, que se aseguraba que ningún caballero, montado a caballo con su lanza, podría tocar con la punta de ésta la mano esculpida en lo alto del arco exterior.

Tan seguros estaban de ello, que aseguraban que quien lo consiguiese conquistaría el trono de la Alhambra.


Leyenda de La sala de los Abencerrajes


El nombre de Abencerrajes proviene del apellido de una familia de la nobleza de la época, que tenían sus viviendas en el interior de la Alhambra.

Dice la leyenda que esta familia tenía como rival político a otra llamada Zenetes, los cuales decidieron acabar con sus oponentes mediante una conspiración...

Así, inventaron una relación amorosa entre la sultana y uno de los Abencerrajes, para conseguir despertar los celos y la ira en el sultán...

El sultán, cegado por la consternación, y en ocasión de una fiesta en la sala que lleva el nombre de la familia, hizo decapitar sobre su fuente a los 37 caballeros que llevaban el nombre de Abencerrajes.

Se cuenta que el color rojizo que aun hoy día se puede contemplar en la taza de la fuente, y en el canal que lleva su agua hasta la fuente del Patio de los Leones, se debe a las manchas de la sangre de los caballeros asesinados...


El Suspiro del Moro

Tras arrebatar los Reyes Católicos el último reducto de la dominación musulmana a Boabdil (Mohamed Abu Abdalahyah); el rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue cedido un pequeño territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos años.

La caída de Granada se debió a la despreocupación de Boabdil por la defensa de Granada y su afinidad a las fiestas y al ocio.

Camino a su destierro, Boabdil no osó girar la mirada hacia Granada, y sólo cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina conocida por El Suspiro del Moro se detuvo y observando por última vez su palacio... suspiró, y rompió a llorar. , y fue su propia madre quien le dijo:

"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".


Laguna de Vacaras

En las alturas de Sierra Nevada, cerca del pico Veleta, existió (o quizás existe aún), una honda laguna de aguas heladas y limpísimas.

Muchas personas aseguraban que la laguna estaba encantada y que era punto de encuentro para magos o brujas, sucediendo allí cosas tan extrañas que nadie, en su sano juicio, se atrevería a acercarse a ella de noche.

Sucedió que un pastor, que buscaba unas ovejas perdidas, llegó un anochecer hasta las mismas orillas de la laguna, cuando le pareció oír fuertes voces.

Muerto de pavor por todo lo que de sobrenatural había escuchado acerca del lugar, se refugió tras unas rocas y desde allí, pudo ver lo que pasaba.

Dos hombres muy altos y ricamente ataviados, uno de los cuales sostenía en sus manos un libro del que parecía brotar un vivo resplandor y el otro portando una gran red dorada, estaban de pie a la misma orilla del agua.

El que sostenía el libro leyó con voz tonante un largo párrafo, en un incomprensible lenguaje y terminada la lectura, dijo a su compañero:

-"Ya puedes lanzar la red".

La red se hundió en al agua y al momento se vio que ya estaba bien cargada.

Los dos hombres unieron esfuerzos sacándola a la orilla.

Para asombro del pastor, la red contenía un brioso caballo negro.

El hombre del libro dijo:

-"No, este no es. Echemos de nuevo la red".

Y la red volvió al agua y como la vez anterior enseguida se notó que estaba llena.

Fuera del agua, los hombres vieron un caballo variegado, con mejor estampa que el anterior pero que tampoco pareció satisfacerles, así que volvieron a echar la red al agua.

Y ahora, un hermoso caballo blanco de finas patas y espesas crines, se mostró ante sus ojos.

-"Este es el caballo que buscamos", dijo el hombre que había rechazado a los anteriores

- "Ya podemos seguir nuestro viaje".

Los dos hombres, susurraron por turno unas palabras al oído del caballo, que asentía con la cabeza y subieron sobre el blanco animal surgido de las aguas.

Durante unos momentos, el caballo caracoleó alegremente y después de un breve trotecillo, se elevó en el aire como si no soportara ningún peso, describió un gran círculo sobre la laguna y en menos tiempo del que se tarda en contarlo desapareció en el cielo.

Muchos valientes subieron a la montaña y muchos tiraron grandes redes al agua, queriendo comprobar y ver lo que el pastor había visto aquel anochecer, pero nadie jamás volvió a ver a los dos extraños hombres, ni nadie logró enganchar en sus redes ningún caballo volador.


La "dichosa" viga de Ohanes


Publicado en el Boletín del Ilustre Colegio Notarial de Granada Expedíente de 1734 sobre la escuela de Ohanes, facilitado por María Dolores Godoy Bretoizes

La transcripción íntegra decía así:

«Tengo el honor de poner en su conocimiento la inquietud que me produce ver la viga que media la clase que regento, pués está partida por medio, por lo cual el terrado ha cedido y ha formado una especie de embudo que recoge las aguas de las lluvias y las deja caer a chorro tieso sobre mi mesa de trabajo, mojándome los papeles y haciéndome coger unos dolores reumáticos que no me dejan mantenerme derecho.

En fin, señor Alcalde, espero de su amabilidad ponga coto a esto si no quiere que ocurra alguna desgracia con los niños y con su maestro, éste su muy seguro servidor.

Dios guarde a V. muchos años.

Ohanes (firmado y rubricado).

Señor Alcalde de Ohanes de las Alpuxarras».

Recibo con gran extrañeza el oficio que ha tenido a bien dirigirme y me apresuro a contestarle.

Es cosa rara que los Agentes de mi autoridad, no me hayan dado cuenta de nada referente a la viga, y es más, pongo en duda que se encuentre en esas condiciones, puesto que según me informa el tío Sarmiento no hará sesenta años que se puso, y no creo una vez dadas esas explicaciones, que notenio por que, paso a decirte que eso no son más que excusas y pretextos para no dar golpe.

En cuanto a los papeles que se le mojan y el reuma que se le avecina, puede muy bien guardárselo a aquellos en el cajón o en casa, y éste yendo a la escuela con una manta.

No obstante lo que antecede, enviaré uno de estós días, alguno de mis subordinados que mire lo que hay de eso.

Y ojo, que su engaño le estaría estar otros seis años sin cobrar los quinientos reales de su sueldo.

Dios guarde a V. muchos años.

Ohanes 28 de noviembre de 1734.

El alcalde Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado).

Señor maestro de primeras letras de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras»:

«Tengo el honor de acusar recibo a su atento oficio de ayer donde tiene a bien poner en duda el estado de la viga.

Desde mi oficio anterior, Sr; Alcalde, hace unos ochos meses pasaron las lluvias del invierno, y yo siempre mirando la viga, con la inquietud consiguiente: ¿caerá; no caerá?

Y así un día y otro, como si en vez de una viga fuese una margarita.

Si usted no cree lo que le estoy diciendo puede mandar dos personas peritas, o venir usted mismo dando un paseito si no le cuesta rnucha molestia que yo no le engaño.

Más que darle una idea del estado de mi clase me permito acompañarle un dibujo, tomado del natural, que le dará una estampa real de ella.

Y de lo del sueldo, no creo yo que se atreva usted a tocar los quinientos reales, porque ya sabe usted lo que dice el refrán: «Al cajón, ni....».

En fin, Sr. Alcalde, Dios le guarde muchos años los efectos de la viga.

Ohanes de las Alpuxarras a 29 de noviembre de 1734.

Partido de Uxixar. Reino de Granada»

«Acuso recibo a su oficio de 29 de noviembre del pasado año y me parece excesiva tanta machaconería en el asunto de la viga.

Sepa el Sr. maestro, que si no le conviene la escuela puede pillar el camino e irse a otro sitio, que aquí para lo que enseña, falta no hace.

¿Qué le importan a estas gentes dónde está Marte, ni las vueltas que da la luna, ni que cuatro por seis son veinisiete, ni que Miguel de Cervantes descubrió las Américas?

Para coger un mancage basta y sobra con tener fuerzas para ello.

No obstante, como soy amante de la curtura y no quiero que digan que he hablao al maestro y no le trato como se debe, nombraré una comísión que informe sobre el asunto de la viga, y si resulta que usted me ha engañado, ha caído.

Dios guarde a V. muchos años.

Ohanes de las Alpuxarras a 15 de octubre de 1735.

El Alcalde Bartolomé Zancajo (firmado y rubricado).

Señor Maestro de Prlineras Letras Localiclad».

Informe de los peritos «Antonio Fuentes Barranco, Juan González García, Maestros albañiles graduados de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, informan que personados en el sitio denominado u llamado, dicho sea con perdón, la Escuela de este lugar, a las 12 de la mañana del día 15 de mayo de 1736 acompañados por el Señor Escribano de este Ayuntamiento, y mandados por el Señor Alcalde, opinamos, pensamos y creeemos que la viga que ocupa el centro de la clase, aula o sala, que por estos tres nombres se le denomina o circunscribe, que la dicha viga no se ha movido, sólo se ha bajao cosa de de diez o doce deos, amenasando sólo caer; pero nunca juntarse con el suelo aplastando a los que aloja dentro.

Pero como quiera que la madera es un cuerpo astilloso, tiene que crujir antes de pegar el golpazo dando tiempo a que se salven por lo menos siete u ocho.

Por todo lo cual, y puesta la mano en el corazón y en conciencia, decimos que el peligro que ofrece la aludida viga es un peligro leve, o sea de poca trascendencia.

Todo lo cual firmamos y no sellamos por no tener sello.

En Ohanes a la fecha arriba indicada, Antonio Fuentes (firmado y rubilcado), Juan González (firmado y rubilcado) »

«Don Celedonio González García de García González.

Escribano de la villa de Ohanes de las Alpuxarras, partido de Uxixar, reyno de Granada.

Digo, declaro y doy fe de cuanto en esta información del maestro de primeras letras de esta localidad, sobre una viga que dice el primero al Sr. Alcalde, o sea el segundo, está partida en el techo de su clase.

Mi informe imparcial, desapasionado y verídico, como corresponde a mi profesión es el siguiente:

sí la viga cae, y amenaza peligro, puede ocurrir:

A) que mate al Maestro en cuyo caso esta digna Corporat:ión se ahorraría los quinientos reales que le paga.

B) que matase a los niños y al Maestro cuyo caso sobraba ocurriendo al Maestro.

C) que matase a los niños y al Maestro ocurriendo en este caso, como suele decirse, quie se mataban dos pájaros de un tiro, y ...

D) que no matase a nadie; en cuyo supuesto no hay por qué alargarse.

Examinados en derecho las causas y efectos que antecéden, emito este informe honrado y leal, cumpliendo con ello un deber de conciencia.

En Ohanes de las Alpuxarras a 15 de mayo de 1736.

Celedonio González García (firmado y rubricado)».

Este es el famoso expediente, pero buscando en el Archivo municipal de Ohanes hemos encontrado otro interesante legajo del cual transcribimos textualmente el siguiente documento, con el cual se aclara todo este asunto de la dichosa viga:

«Yo, don Joseph Sancho Mengíbar, cronista oficial de la Villa de Ohanes de las Alpuxarras, declaro por mi honor ser ciertos los hechos que a continuación describo, para que de ellos quede constancia en el Histórico Archivo de esta Villa, lamentando que la índole de los mismos ponga un hito trágico en los bucólicos anales de este pueblo.

El día 14 de Octubre del Año de Nuestro Señor Jesucristo, mil setecientos cuarenta, siendo Alcalde de esta Villa D. Bartolomé Zancajo y Zancajo, y siendo las doce de la mañana, se hundió el techo del salón de la escuela de esta localidad, pereciendo en el siniestro el señor maestro de primeras letras Don Menón Garrido Martín y los catorce niños que en aquellos momentos daban clase.

Despues de laboriosos trabajos fueron extraídos de entre los escombros los cadáveres de las víctimas y trasladados al depósito del cementerio municipal, acompañados del pueblo en masas, que era partícipe por entero del dolor que significaba tal catástrofe, ya que todos, más o menos directamente, les alcanzaba dado el número tan elevado de inmolados en aras de la cultura.

Abierto el oporttino expediente, se ha podido comprobar que por parte de la autoridad competente tomaban periódicamente todas las medidas encaminadas a velar por el buen funcionamiento del recinto; y como pruebas concluyentes se presentó Expediente incoado al efecto, en que dos peritos albañiles y el Ilustre Escribano de esta villa, informaban sobre el buen estado del local en fecha muy próxima al suceso, ya que los informes datan del 15 de mayo de 1736.

Y para que quede constancia, lo redacta y lo firma en Ohanes de las Alpuxarrras a 15 de diciembre de 1740.

Joseph Sancho (firmado y rubricado)».

Nota aclaratoria:

Estos documentos se encuentran en los Libros de Apeos del Ayuntamiento de Ohanes (Archivo municipal).

La primera y única publicación fue en la revista Aleteos por Don José Carretero ya fallecido) y por Don José Miralles, maestro retirado.

La revista fue publicada en 1939 no existiendo, por desgracia, ningún ejemplar.

El texto está sacado de un libro escrito por ambos maestros, dedicado a Don Juan Torres, antiguo Alcalde de Ohanes.

Hay un sólo ejemplar de este libro y se encuentra en manos de este señor.


Aliatar

Cuando fue tomada Zahara por los moros, tomaron como rehenes a muchos cristianos a los que les iban a dar muerte.

Entre los cautivos se encontraba una joven bella joven cristiana, de la que le dió compasión un viejo moro. Entonces pidió que fuera su hija adoptiva, y se lo consedieron.

María era el nombre de la joven. Su padre adoptivo le daba todo lo que la joven pedía. Pero esta anhelaba volver con los suyos, no se acostumbraba a las costumbres y las formas de ser de los moros, y la religión de ellos no era la suya.

El viejo moro intentaba convertirla a la religión de ellos, el intentaba que ella se adaptara a ellos. Viendo que no lo conseguía llamó a Aliatar, uno de los más valerosos guerreros moros, por los que totas las jovencitas de granada suspiraban.

Una vez se vieron los dos se enamoraron mutuamente. Ella le hablaba a él sobre el cristianismo, y él le hablaba a ella sobre su religión. Pero ninguno de los dos llegaba a un acuerdo.

Ella siempre le decía a él que quería irse con los suyos, que era lo que más anhelaba.

Una tarde ella iba a una fuente donde normalmente quedaban los dos enamorados. Pero allí estaba el rey de Albohacén que se había enamorado de ella, y que se intentaba aprovechar de la joven. Ella salió corriendo, y él tras ella.

Aliatar solo vió la figura fugitiva de un hombre, por lo que le dieron muchísimos celos, y partió hacia la batalla, con intención de morir. Pero en lugar de eso consiguió una gran victoria, que le alzó todavía más en su renombre como guerrero.

Desesperanzado se fue a la fuente donde solía quedar con María. Y allí desmayada estaba ella, y el rey de Albohacén intentaba llevarsela.

Aliatar lo detuvo y lo retó a muerte. Pero el rey de Albohacén iba desarmado, y le dijo que a la mañana siguiente se reterian los dos.

Por la mañana, cuando despertó María. El rey de Albohacén estaba frente a ella y Aliatar estaba en prisión. Entonces un griterio surgió de las afueras, con ruido de combate y de repente entró Aliatar. Este se dispuso a matar al rey, pero ella se interpuso, y le dijo que los cristianos no mataban a sus semejantes. Lo dejó ir, y él le contó a María, que en la desesperanza de la celda, llorando, le había pedido al Dios cristiano que si existía, le liberara. En ese momento los cristianos habían entrado y le habían liberado.

María llena de felicidad fue con el valeroso Aliatar a recibir a los suyos, que llegaban victoriosos de conquistar Loja, vengando así la toma de Zahara.


El príncipe del Generalife

En Granada cuando estaba el Califato Jaén-Granada-Córdoba vivía en Granada un rey moro que solo tenía un hijo desde pequeño ya se veía que el niño iba a ser un genio.

El niño era muy muy inteligente y todo lo aprendía con una facilidad pasmosa. Entonces el rey moro lo llevo a un astrólogo para que le dijera cuál sería el brillante futuro de su hijo. El astrólogo le dijo que su hijo correría innumerables peligros por culpa de sus enamoramientos. Que sería un chico muy enamoradizo y que le crearía muchos peligros y muy graves.

Entonces el rey moro temiendo por la seguridad de su hijo ordenó construir un increible palacio con maravillosos y gigantes jardines al lado de la Alhambra para tenerlo siempre cerca y encerrado dentro de ese palacio.

Le asignó un sabio como maestro este sabio le fue enseñando al chico todas las cosas y el chico era verdaderamente increible muy muy listo. Pero el sabio tenía orden de no explicarle nunca nada sobre el amor al chico. No debería enterarse de lo que era el amor y hacer no correr el riesgo.

Cuando el príncipe llegó a la edad de 21 años se comportaba de forma distinta. Miraba con dulzura las flores las olía con delicadeza, observaba el cielo, y cerraba los ojos para sentir el aire rozar sus mejillas.

El sabio examinando todo esto comprendía que el príncipe "había descubierto que tenía corazón". Entonces se lo comunicó inmediatamente al rey moro los cambios de comportamiento en su hijo. El padre nervioso y asustado ordenó encerrar a su hijo en la torre más alta del palacio del Generalife sin que pudiera salir.

Allí estuvo encerrado el pobre príncipe y asomado a la ventana todos los días le daba de comer a las palomas y se cuenta..... como parte de la Leyenda que la indecible, innombrable inteligencia del chico consiguió aprender y hablar el lenguaje de los pájaros. Los oía revolotear por el cielo diciendo a todos: amor, amor, amor, amor amor, amor. Porque eso es lo que todos los pájaros son lo que dicen cuando pian.

El principe fue a ver al sabio y le preguntó:

- ¿Qué es el amor?

Y el sabio le dijo:

- Es aquello por lo que todas las personas sufren. Por lo que todas las personas mueren y no son felices

El príncipe un tanto desilusionado y triste se fué a sus aposentos. Un amanecer estando tendido en la cama entró una paloma y se le posó sobre una mano..

- ¿Qué te pasa? .- le preguntó el príncipe.

- Estoy triste .- le contestó la paloma

- ¿Por qué?

- Porque he perdido a mi amado no lo encuentro y estoy triste por ello no soy feliz. Sin él he perdido las ganas de vivir. Sin su amor ya poco importa la vida.... no soy nada sin él.... sin su presencia ... sin su contacto... sin él.... que hay?

Y el príncipe se quedó pensativo y fue enfurecido y muy molesto con el sabio y le recriminó que lo hubiera engañado. El filósofo y sabio no le dijo nada al rey moro porque si esté se enterara de que el príncipe de una u otra forma había descubierto lo que era el amor lo más probable es que lo matara, así que guardó silencio. El chico de todas formas siguió en lo más alto de la torre del generalife encerrado.

Un día la paloma volvió muy alegre, porque gracias al príncipe había encontrado de nuevo a su palomo. Estuvo hablandole al príncipe de paises, de historias. Y una de ellas era que había visto a una bellísima cautiva, encerrada en un jardín. Sin poder salir, encerrada al igual que lo estaba el príncipe Ahmed.

- La ví, pensé que esa era la princesa que te merecías. Es bella, está triste, y no sabe lo que es el amor.

Así el príncipe oyendo aquella noticia se puso loco de alegría. Rápidamente escribió una carta apasionada de amor con muy bonitos versos y se la dió a la paloma que emprendió rapidamente el vuelo al jardín donde estaba recluida la princesa.

Esperaba día y noche el regreso de la paloma mensajera, pero no volvía. El joven Ahmed perdía las esperanzas hasta que una noche la paloma llegó y cayó a sus pies ensartada por un dardo. Medio agónica había llegado y de su pico colgada una cadena con un retrato de una bella joven que debía ser la princesa recluida. Que así le contestaba a su bella carta. Entonces.... viendo la bella cautiva y su amiga paloma que había dado la vida por darle amor a él. Para que él conociera lo que era el amor, pensó que sería algo muy importante como para no arriesgarse a conseguirlo y se planteó el escapar del Generalife para buscar por todo el mundo a la bella princesa.

Con su cinturon se descolgó del ajimez de la torre. Se llevó consigo en un atillo todas sus joyas para los gastos del viaje. Una lechuza, que era amiga suya, le guió en la oscuridad de la noche. Andó muchos días hasta llegar a Sevilla.

Una vez allí buscó una gran torre y unos grandes jardines moriscos donde podría estar encerrada la bella joven y lo vió rápidamente con majestusuidad y gran porte se eregía la torre morisca sobresaliendo sobre todas las demas construcciones era... la Giralda de Sevilla.

El príncipe subió por la escalera de caracol a lo alto de la torre Allí arriba se cuenta que habia un cuervo muy muy muy muy viejo. Y el príncipe le dijo que deseaba conocer solo una cosa que le iba la vida en ello y era... el encontrar a una bella princesa cautiva de la que solo tenia una imagen y la de sus sueños. Le dijo el cuervo que él no solía sobrevolar los jardines y los palacios. Que no sabía donde podía encontrar a su bella princesa pero que podía dirigirse a Córdoba.

- Al lado de la gran palmera de Abderramán puedes encontrar a un anciano viajero que ha recorrido medio mundo, y que a lo mejor puede saber algo.

En medio del patio de los naranjos el mismísimo Abderramán se dice que plantó con sus propias manos una grandísima palmera, y allí el príncipe se encaminó.

Una vez a los pies de esta vió una muchedumbre agolpada alrededor de alguien y se dijo ...

- Ahí debe estar el viejo anciano viajero contando sus historias... y sus viajes.... y sus hazañas

Al incorporarse al grupo pudo comprobar que en el centro no había ningún hombre sino un papagallo de esos brillantes, de plumaje verde y amarillo, y un tanto chulo en sus expresiones. Entonces el principe extrañado le preguntó a un hombre:

- ¿Qué hace tante gente alrededor de ese papagayo?

- Le dijo el hombre que era un papagayo descendiente de aquel famoso de Persia que era conocido por muchos por su habilidad por contar cuentos. Gracias a sus numerosos viajes.

El príncipe se adelantó a toda la muchedumbre y empezó a exponerle el motivo de su visita. Entonces el papagallo muy chulo y arrogante empezó a desternillarse de risa a más no poder y le dijo:

- El amor no existe.

- ¿Qué pasa el amor no es lo más bonito del mundo? .- preguntó el príncipe.- ¿No es lo mejor a encontrar?, ¿ y por lo que todo el mundo debería luchar?.

- ¡Qué va!, eso pasó ya de moda. Pero bueno, el retrato de esa mujer tan bella es el de la princesa de Aldegunda.

- ¿Dónde podré encontrarla? .- se apresuró a preguntar el príncipe.

- Es la única hija del rey cristiano de Toledo, y está oculta a todo el mundo hasta que cumpla los diecisiete años. No podrás verla, porque su padre la tiene bien apartada de todos los mortales, y más fácil es encontrarla que conseguirla.

El príncipe partió hacia la ciudad de Toledo acompañado por la lechuza y e l papagayo. Una vez allí vió la morada de la bella princesa que buscaba. Le dijo al papagayo que volara dentro del jardín y le dijera a la princesa que el príncipe Ahmed peregrino del amor había llegado en su busca.

Orgulloso, el loro, voló dentro del jardín. Este sorprendió a la princesa llorando en silencio sin emitir más sonido que el que hacía el viento.

- Enjuga tus lágrimas bella princesa, pues vengo a alegrar tu corazón .- dijo el papagayo con porte.

La princesa sorprendida y al ver al papagayo le brillaron los ojos con más fulgor que las perlas de los diamantes de su corona.

Le contó la presencia del príncipe, y la princesa le contó que al día siguiente se celebraría un torneo para determinar su pretendiente.

El papagayo voló de nuevo por encima del jardín en busca del príncipe. Le transmitió las palabras de la bella princesa que eran...:

- Tus poemas han sido el consuelo de mi alma, durante todo este tiempo. Tus poemas han sido lo más bello que he tenido.

Muchos nobles se disputaban a la bella princesa y estaba pensado organizar un torneo para ver quién era el más valiente noble caballero que merecería el corazón de la bella cautiva. El príncipe al enterarse se sintió apesadumbrado y acobardado. Hundido .... pero el papagayo exclamó... ALá Akbar (Dios Es Grande).

Con esto, le contó que en día de lluvias intensas se refugió en una cueva donde había escondida una gran armadura de un antiguo caballero cristiano. Fueron por la sierra de Toledo y encontraron la armadura, una como ninguna otra.

Maravillado el príncipe se vestió de caballero cristiano con armadura increible, que relucía con la luz de la luna. Allí en los montes de Toledo, en lo más oscuro de la espesura guiado por un papagayo y por una lechuza esperaba el amanecer, para disputarse el amor de la princesa.

A la mañana siguiente todos los pretendientes relucían sus mejores armas. Cuando la princesa apareció, se creó un gran revuelo. Al aparecer por su gran porte, por su gran belleza, su mirada tierna y desvalida. Era una verdadera princesa, una joya. Pero la princesa parecía triste.

Entonces el príncipe fue a inscribirse al torneo y se lo denegaron diciendole que nadie sin sangre real podría inscribirse. Declaró su linaje como el príncipe Ahmed. Tardaron poco los caballeros cristianos en rodearlo al descubrir que era musulman y empezaron a insultarle y a mofarse de él..... riendose....

- El Peregrino del amor ... juas juas uas ... el pregrino del amor juas juas juas jaja

- El principe Ahmed desafió a uno de ellos.

Cogieron distancias con los caballos y se lanzaron uno contra el otro y se invistieron. Nada más cruzarse el caballero cristiano cayó herido al suelo. Fue cuando se desató la furia de los demás. El príncipe Ahmed envestía con su caballo a todos, más ningun podía derribarle. El rey, padre de la princesa, estaba absorto y enojado, por lo que cogió su escudo y su espada y saltó a la liza. Ahmed lo invistió sin darse cuenta. Viendo al rey tendido en el suelo despojado de su corona que rodaba por el suelo y que la guardia real se lanzaba a por él. Salió huyendo hacia las montañas hacia la gruta donde había encontrado la armadura.

Horas más tarde envió al papagayo a ver que sucedía en la ciudad. Le dijo que había una revuelta inmensa y que la princesa estaba desmayada.

Al siguiente día el principe disfrazado con traje de pobre se encaminó a Toledo y en la puerta de palacio pidió se le condujese a presencia del rey pues tenía un remedio para curar a la princesa.

Allí junto a los pies del rey le contó que era de una tribu de Egipto y que sabía el método que curaba todo maleficio y era la música. El rey desconfiaba un poco pero como la salud de su hija estaba muy mal por lo ocurrido el día anterior, decidió que no podía perder nada por probar fortuna. Lo llevaron junto con la princesa escoltada por la guardia, acompañado por el rey y por los médicos reales. Una vez allí, el principe Ahmed disfrazado de pobre tocó la flauta, y acompañaba recitando los versos de amor que le había mandado hacía tiempo en una carta con una paloma.

La princesa al oirlos se le iluminaron las mejillas, se le avivaron como dos perlas los ojos y sonrió de oreja a oreja. Se le vió la felicidad en la cara. Todo palacio asombrado comprobó la mejoría de la princesa. Asombrados los médicos no daban crédito a lo que veían. Entonces el rey le dijo que podía pedir como recompensa cualquier objeto del castillo.

El papagayo le dijo al oido al príncipe que en el sótano de palacio había una alfombra mágica. El príncipe la pidió, la sacó. Era un alfombra verde de seda y decorada con extrañas letras, pidió a la princesa que se sentera en esta, y nada más sentarse se cuenta que maravillosamente la alfombra se levantó del suelo llevandose a la princesa y al príncipe volando hacia la ciudad de Granada donde se casaron se celebraron las bodas y...... el rey Cristiano reconoció y les dió su bendición. Aún cuando pasamos por al lado de la Alhambra de Granada nos asombramos de la majestuosidad del Palacio del Generalife allí aprendio un principe lo que era el amor.

Nota: Sea con o sin alfombra mágica, el hecho es que el príncipe escapó con la princesa cristiana y se casó con él.


Torre de Iznarromán

Esta historia remonta muy al pasado, mucho más allá de los años de los califas. Pero es digna de contar, por encontrarse en Granada, y ser una parte fundamental en una visita por estas tierras.

Por el año 16 antes de cristo, en la provincia de Dux (Asia Menor), habitaba una familia formada por Caleb y Rebeca, y sus dos hijos. El primero de los hijos se llamaba Cecilio y era sordomudo de nacimiento. El más pequeño de los hijos se llamaba Tesofón y había nacido ciego.

Habiendo oido los milagros que Jesús había hecho, decidieron marchar hacia Judea para buscarle. Y una vez allí, Jesús les devolvió a Cecilio la voz, y a Tesofón la vista. Como agradecimiento los dos se consagraron a propagar las enseñanzas de Jesús. Santiago adoctrinó a los dos jóvenes, y se los trajo a España para predicar el evangelio por estas tierras.

Cecilio se consagró como una gran santidad en la ciudad de Granada, que por entonces se llamaba Ilíberis.

Como esta ciudad se hallaba bajo el dominio del imperio romano. Nerón ordenó la captura inmediata de Cecilio y sus discípulos.

Cecilio guardó todas las reliquias que consideraban los romanos como profanas. Y esperó a que los romanos lo capturaran.

Fue encerrado en la fortaleza llamada Alcazaba Cadima, en una torre infranqueable a la que se le daba el nombre de la torre de Iznorromán. Se le impuso la orden de que debía renunciar a lo que predicaba, y a sus creencias, y si no moriría. Se le hizo imposible la estancia allí, y se le aplicaron torturas, junto con sus once compañeros de cautiverio.

Al no renunciar Nerón, que estaba en su segundo año de reinado, ordenó quemar vivo a Cecilio y sus onces compañeros en un horno de cal.

En la actualidad, en el callejón de Santo Cecilio, se ven aún unas murallas poderosas y robustas con un torreón en donde está una pequeña capilla que guarda la imagen de Santo Cecilio y sus once compañeros. De aquella capilla fueron sacados para quemarlos en el Sacro Monte.

Las reliquias que escondió para que los romanos no las encontraran fueron descubiertas en el año 1595.




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